domingo, 25 de septiembre de 2011

Hay Que Despedir al Empleado de Miraflores

La ignorancia se corrige con asesoría, la prepotencia no porque el prepotente cree que todo lo sabe.
- Antonio Semprun -


Cnel. (GN) Antonio Semprun
Oficial de la Plaza Altamira

Han transcurrido doce años desde que los venezolanos emplearon a un individuo que falsificó los datos del curriculum vitae que le presentó a su futuro empleador. El curriculum vitae estaba plagado de mentiras, como los dueños de la pujante empresa tenían como norma reemplazar a su director cada cinco años, cansados, decepcionados de las acciones y actuaciones de los directores anteriores se obnubilaron con el documento forjado que les presentó un estafador.

Asumió la presidencia de la importante empresa que a pesar de los desaciertos de sus antecesores se enrumbaba hacia un futuro promisor, una vez en el cargo desempolvó la carpeta que traía bajo el brazo, la que contenía las instrucciones emitidas por tutores foráneos las cuales debería aplicar de manera lenta, progresiva pero contundentemente, la carpeta contenía dos objetivos fundamentales, llevar a la bancarrota la empresa en la que había asumido la presidencia y rescatar suministrando abundantes recursos una empresa extranjera en quiebra.

Con las instrucciones claras puso en marcha su plan para destruir lo que durante cuarenta años se había logrado en la empresa que lo contrató. Comenzó por desarticular las instituciones existentes, designó a la cabeza de cada una de ellas personas que le fueran totalmente incondicionales, no importaba si estaban o no preparadas para ejercer el cargo que se les asignaba, la única cualidad que debía tener el designado era que en su curriculum se leyera en letras mayúsculas servilmente incondicional.

Cambió los estatutos de la empresa, una vez penetradas las instituciones que la conformaban, la pujante empresa empezó a arrojar saldos rojos en sus balances, no porque no produjera suficientes dividendos para salir adelante sino porque los empleados colocados a dedo al frente de las instituciones dejaron ver de manera explícita los verdaderos prontuarios que reflejaban sus expedientes.

Ante el pedido de los accionistas al nuevo presidente de la empresa para que cumpliera sus promesas, este los ignoró, los calificó de grupo de apátridas confabulados con un aliado extranjero para destruir la empresa de la que se apropió y que día a día destruye con sus acciones, permitió que personal extranjero ocupase cargos de relevante importancia dentro de la empresa, usa el dinero que produce la materia prima para resolver problemas foráneos mientras la empresa que lo contrató se cae a pedazos.

Ha sembrado el terror entre empleados y patronos, los ha despojado de sus acciones a voluntad, les ha modificado el salario colocándole ceros a su cheques mensuales haciéndolos cada vez más pobres, se ha apoderado de las fuentes de producción e insumos con la excusa de que estaban en poder de la competencia y las ha quebrado, hoy disfruta viéndolas como enormes elefantes blancos y cementerios de chatarras.

Se terminó el tiempo, ahora es una cuestión de sobrevivencia. E s imperioso despedir al empleado que se acostumbró al poder y acostumbró a los empleados que designó a dedo para que lo ayudaran a saquear la empresa que lo contrató. En las próximas elecciones de presidente los treinta millones de accionistas de esta noble empresa llamada Venezuela deben corregir el error cometido, ''rectificar es de sabios'', los accionistas saben que su empresa está al borde de la bancarrota, que no aguanta un periodo más con las autoridades que dirigen su destino, autoridades que hoy conforman una nueva clase elite en el país a costa del dinero que durante los últimos doce años ha ido a parar a los bolsillos de su presidente, de sus directores y al de presidentes de empresas extranjeras.

El próximo 7 de octubre del 2012, cada venezolano se jugará su futuro y el de su familia, ese día la decisión de cada uno de los dueños de la empresa reflejará su convicción de rescatar a su principal empresa de las manos de quien se la ha está robando ó permitir que continúe destruyéndola y regalándola. Ese día la decisión será sencilla pero definitiva, retomar el camino de la democracia como sistema de vida o continuar viviendo en una dictadura moderna en la que a los venezolanos se les arrojan migajas de lo que les pertenece mientras el presidente de la empresa y sus directores disponen de los recursos de esta de la forma que mejor les conviene.

La decisión es exclusivamente de los treinta millones de accionistas de la empresa llamada Venezuela, el venidero 7 de octubre del 2012 serán sólo veinticuatro horas del tiempo de sus accionistas, lo que la empresa les pedirá para que cambie la situación que hoy vive, después de esas veinticuatro horas si la apatía y la indiferencia de los accionistas prevalece, sólo habrá futuro para un presidente que se auto designó vitalicio y sus cómplices. Los accionistas deciden.