miércoles, 11 de febrero de 2015

La Tumba, la cámara de gas de Maduro


Hay diez cárceles calificadas como las más crueles del mundo,  en ellas los internos  son sometidos a crueles vejaciones,  sus instalaciones son testigos mudos de las arbitrariedades  y violaciones cometidas por quienes están encargados de la custodia de los reos que allí purgan penas.
Estas cárceles son, Diyarbakyr (Turquía), Luringancho (Lima), Tadmor (Siria), ADX, Florencia “SuPermax (EU),  Campo 22 (Korea del Norte),  Petak  (Rusia), Gitarama (Ruanda), Carandirú (Brasil),  Sabaneta (Venezuela) y  Bang Kwang  (Thailandia) en ellas están detenidos delincuentes, terroristas, rebeldes, narcotraficantes, prisioneros políticos y sus parientes. Los internos son expuestos a bajas temperaturas que les ocasiona la muerte, son sometidos a experimentos por envenenamiento, se les ha obligado a ingerir  coles envenenadas lo que les ocasiona la muerte por desangramiento, se les priva del sueño y se les quema la piel con cigarrillos. Amnistía internacional y Human Rights Watch han  señalado que en estos lugares los prisioneros sufren torturas de todo tipo.
En Venezuela, el régimen de Maduro ha puesto en funcionamiento una cárcel que está a nivel de cinco sótanos  bajo  tierra llamada la Tumba,  sus prisioneros no son narcotraficantes, terroristas o rebeldes, son venezolanos acusados de conspiración que son vigilados por una cámara durante  veinticuatro horas, que su piel empezó a escamar debido a la falta de sol, sus ojos solo ven el color blanco de las paredes de sus  celdas, el reducido espacio en el que los mantienen empieza a producir problemas motores, las infrahumanas condiciones en las que los mantienen están causando estragos en su salud.
En Venezuela la protesta por la libertad y los derechos se ha convertido en un armazón en forma de ataúd  que sepultan a cinco sotanos bajo tierra
Cnel (GN) Antonio Semprun
@antoniosemprun
coronelantoniosemprun.blogspot.com

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